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El caso fue descubierto cuando un hacker consiguió entrar en los archivos informáticos del centro universitario e hizo públicos en internet miles de mails en los que Jones prácticamente reconocía haber manipulado los datos. El profesor se vio obligado a dimitir, pero las consecuencias del caso han sido aún más graves en su vida. Según publica el diario The Sunday Times en su versión on line, el especialista, incapaz de soportar tanta presión, pensó en suicidarse en numerosas ocasiones. Si no lo hizo, según las mismas fuentes, fue por la ayuda de su familia y el amor de su nieta de tan sólo cinco años.
El profesor ha perdido mucho peso y toma pastillas para dormir. Al parecer, está impresionado por la gran repercusión que ha tenido el caso, que ya se conoce como «climategate». A día de hoy, todavía recibe amenazas de muerte de todas partes del mundo por, supuestamente, haber falseado los datos sobre el cambio climático. «Lamento haber tratado los datos de esa forma», reconoce al Times.
Al parecer, en sus mensajes, Jones escribió que había usado un «truco» para «ocultar la disminución de las últimas temperaturas globales en una tabla». En su día, el profesor reconoció haber empleado esa palabra (trick, en inglés, que también puede traducirse como fraude o engaño) pero negó la manipulación de las pruebas y aseguró que el párrafo había sido malinterpretado y sacado de contexto.
El asunto fue utilizado por los escépticos del cambio climático para enarbolar su bandera.
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